La parte intermedia entre el pueblo y la sierra está constituida por formaciones de dehesa y monte bajo. Las amplias extensiones de bosques aclarados de roble y prados comunales para la ganadería aparecen acompañados de avellanos, fresnos, majuelos, espinos negros y acebo, que a su vez sirven de posadero a aves características de la zona: rabilargos, alcaudones, arrendajos…
Al salir de estas dehesas, un olor a tomillo, cantueso y orégano, más intenso si ha caído algún chaparrón, indica que se abre ante nosotros el monte bajo, paraje al que se acercan con mucha cautela jabalíes, corzos, tejones y las asustadizas jinetas, principalmente en invierno, cuando los montes de la sierra están nevados. Y es aquí donde se podrán descubrir rapaces como el águila calzada, milano, ratonero y azor sobrevolando estos montes.
Finalmente, ya en la sierra se encuentra el monte de pinos repoblado en los años 40 con pino silvestre, muchos de cuyos ejemplares alcanzan, en la actualidad, mas de veinte metros de altura.
Entre ellos, acebos, tejos y piornos proporcionan un paisaje muy hermoso en cualquier estación del año. Fácil resultará descubrir huellas dejadas por jabalíes y corzos que conviven en estos parajes con el gato montés y con aves como el pico picapinos y el pito real, que hacen de los pinos su hogar, asi como carboneros, herrerillos y cucos que sobrevuelan y enriquecen con su presencia este paraje.